Jesús le dijo: “¡Si puedes creer! Al que cree todo le es posible!”
Marcos 9:23 (Rv 60)

Mientras la emoción embarga la multitud, un hombre se acercó a Jesús y le explicó lo que sucedía con su hijo, quien estaba enfermo. Ese joven no podía hablar, y además no podía controlarse, de modo que ponía en peligro su vida.
¿Cómo iba a curar Jesús a ese joven? Primero hizo una pegunta al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?”. Luego lo invitó a creer, pues “al que cree todo le es posible”. Lo que falta no es el poder de Dios, sino nuestra capacidad para confiar en Él.
“Creo; ayuda mi incredulidad”, respondió el padre. Así dio testimonio de su fe y al mismo tiempo reconoció sus dudas. ¡Qué sinceridad! Sin tardar el Señor echó fuera al espíritu malo, tomó al joven por la mano y lo levantó. Igual sucede con nosotros; sólo podemos tener fe con la ayuda del Señor. Él sólo nos pide que confiemos en Él, que oremos, incluso si tenemos dudas, y precisamente debemos orar a causa de ellas. ¡Presentemos sin temor al Señor nuestras dudas y Él nos dará más confianza!
Conocer a Jesús es comprender que El me libera de mis cadenas, tristezas, dudas y errores. ¡Jesús viene a mi encuentro! No sólo cuando estoy entusiasmado, sino también cuando estoy desanimando y turbado. Él es el amigo que me ama en todo tiempo (Proverbios 17:17)
¡Sí, creo! Señor, ayúdame, me falta fe: ¡Ayúdame a honrarte confiando totalmente en ti! “Ayuda mi incredulidad” (Leer Marcos 9:14- 29)