“Todos los que en Él (Jesús) creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”
Hechos 10:43 (Rv 60)

Jesús fue el nombre que el Hijo de Dios tomó cuando vino a la tierra en un cuerpo de hombre para buscar y salvar a los que estaban perdidos (Lucas 19:10). El nombre de Jesús no deja indiferente a nadie, y las reacciones que provoca son muy variadas. Gran oposición por parte de algunos, temor por parte de otros, amor y adoración por parte de los cristianos.
Encomendarse al nombre de Jesús condujo y aún conduce a muchos cristianos a sufrir la persecución e incluso el martirio. Sin embargo, las autoridades hostiles al cristianismo nunca han podido impedir que el Evangelio se propague y que el mundo y en todos los niveles sociales.
Para un verdadero cristiano, este nombre está por encima de todo, pues gracias a él pudo conocer a Dios como un Padre y tener la vida eterna. Mediante el sacrificio de Jesucristo, el pecador que se arrepiente es perdonado y justificado ante el Dios santo.
A través de ese nombre, el creyente se dirige a su Dios y Padre con toda libertad. Cuando ora en el nombre de Jesús, se presenta ante Dios diciendo respetuosamente: “Sé que recibes mi oración como si fuese la de Jesús”. Conocer el nombre de Jesús y experimentar su poder es un privilegio ofrecido a todos los que creen en Él. “El Señor de los ejércitos es su nombre: y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54:5)