Para la Iglesia de hoy no sólo es importante, sino urgente estudiar lo que pasó en la Reforma Protestante. Y esto no sólo porque se repiten los errores del pasado cuando no se conoce la historia, sino porque Dios levantó a pastores y teólogos para dar respuestas a las mismas corrientes que hoy se están dando. Si queremos ignorar la repuesta bíblica y sólida que se dio en ese momento de la historia, estaremos condenados a volver a caer en el error, esclavizados a los hombres, y promoviendo la falsa doctrina.

El primer tema que tocaremos es el que formaba el fundamento para los otros errores teológicos y prácticos en la Europa del siglo XVI. Este era el substrato sobre el cual las demás aberraciones eran edificadas. Muchas personas en la Iglesia Católica de los siglos 15 y 16 pedían reformas pero su llamado siempre era superficial. Se pedía reformas de las apariencias, y de las prácticas más graves, como por ejemplo que se debía enseñar a leer a todos los mojes y sacerdotes (muchos eran analfabetos, y pocos leían latín, en que estaba escrita su única Biblia, la Vulgata). Por fin Dios oyó el clamor de su pueblo, y levantó verdaderos reformadores en las personas de Juan Hus, Martín Lutero, Ulrich Zuinglio, Juan Calvino, John Knox y otros. A muchos los mataron, pero lograron con sus escritos, sus vidas y sus muertes volver la Iglesia al único fundamento sólido, las Sagradas Escrituras. Veremos aquí el punto teológico más importante que estos Reformadores atacaron.

El semi- plegianismo: La Iglesia Católico romana desarrolló una teología en que tanto Dios como el hombre jugaba un papel definitivo en la salvación. Roma enseñaba que Dios daba las primeras gotas de gracia en el bautismo, pero que cada individuo debía “poner de su parte” para luego llegar a la salvación. La vida religiosa Católica era un camino en que Dios ponía (promedio de los sacramentos, indulgencia, etc) y el individuo ponía (por medio de ocuparse en las buenas obras, las penitencias, y los mandamientos de la Iglesia).

Los Reformadores protestantes como Martin Lutero, Juan Calvino y otros encontraron en la Biblia que la salvación es toda de gracia, no por ninguna obra humana. El semi- pelagianismo es siempre acompañado de muchos males, entre ellos la manipulación religiosa. Si se enseña a la persona que ella tiene que hacer otras coas más allá que la simple fe para salvarse, se abre muy fácilmente a la manipulación. En el tiempo de Lutero se había construido todo un andamiaje de indulgencias, pagos, penitencias, peregrinajes, y otras obras para obtener la bendición de Dios. Hoy vivimos el mismo escenario. El semi- pelagianismo es siempre lo mismo. Todo líder religioso semi- pelagiano se opone al mensaje bíblico de Sola gratia- la sola gracia. Cuando la Iglesia Católica vio que el “negocio” de la religión estaba amenazada por la teología protestante, calentaron las hogueras rapidito. Hoy los semi- pelagianos evangélicos tapan los oídos de los fieles para no oír el mensaje bíblico, prohibiendo el estudio profundo de la Palabra de Dios, inventando cuantas actividades puedan para mantener la Iglesia en una furia de activismo, pero sin poder descansar en la gracia soberana del Señor. ¡Cuántas personas están desgastadas por el activismo evangélico, pero sin descanso y seguridad en el hombre interior! La Reforma del siglo 16 devolvió la bienabenturanza del reposo espiritual y la certeza de la salvación en un Dios soberano que se encarga de nuestra salvación de principio a fin: “Venid a mi todos lo que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Autor Gillermo Green