(Jesús dijo:) “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”

¿Qué sabemos de la alegría? para muchos, la alegría está asociada a los placeres de la vida, a disfrutar la familia, las relaciones sociales, el deporte, los viajes… Para otros la alegría representa la ausencia de sufrimientos y dificultades, cosa que es muy difícil encontrar en este mundo.

Para el creyente existe una alegría muy diferente, está relacionada con la fe. El fundamento del gozo cristiano no se ve alterado por las circunstancias, pues descansa en Dios (Filipenses 1:25). Las alegrías que el mundo ofrece no son duraderas; sólo el gozo que da la fe en Dios permanece hasta el futuro eterno.

A pesar de las pruebas, las tristezas y las preocupaciones que encuentren en su camino, los creyentes tienen el privilegio incalculable de poder regocijarse “Con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). Conocen a Jesús, lo tienen en su corazón, incluso sin haberlo visto. El amor de Jesucristo mismo es el que da gozo al creyente. Cuando la venida del Hijo de Dios fue anunciada, el ángel dijo: “No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10- 11).

El deseo de Dios es que ese gran tema de gozo sea comunicado a todos los hombre, para que estemos llenos de Él. Antes de despedirse de los suyos, el Señor prometió: “Nadie os quitará vuestro gozo” (Juan 16:22)