A veces el hombre de nuestra sociedad piensa que el gozo real está emparentado con los placeres de esta vida, de disfrutar de la familia, deportes, aficiones … Para otros, piensan que la alegría es vivir ausentes de problemas y sufrimientos, cosas que son muy difícil encontrar en este mundo, pues el hombre porta en sí mismo el sufrimiento de la misma vida.

Lo cierto es que para el cristiano existe una alegría muy diferente, y a la vez especial, siendo esta el resultado de una fe que está puesta en la persona de Jesucristo, que es el fundamento del gozo del creyente que no se ve alterado por las circunstancias a la que este está expuesto, pues descansa en Dios (Fil 1:25). Las alegrías que ofrece este mundo no tiene nada que ver con el gozo que da la fe en Dios que permanece hasta la eternidad.

Aún en medio de la tristeza, y las preocupaciones que puedas encontrar en tú día a día, los creyentes tienen el privilegio inigualable de poder regocijarse “con gozo inefable y glorioso” (1 P 1:8). Aún no habiendo visto a Jesús, pueden decir que lo conocen, y que lo sienten en toda su manera de vivir. El amor de Jesucristo es el que da el verdadero significado del gozo de la salvación a todo aquel que cree en su nombre.

La voluntad de Dios es que este gran tema del gozo sea comunicado a todos los hombres, para que estemos llenos de Él.

Antes de despedirse de los suyos, el Señor les dijo: “Nadie os quitará vuestro gozo” (Juan 16:22)

¿Y tú? ¿Has conocido este verdadero Gozo?