Quisiera utilizar el matrimonio como un caso práctico del principio mencionado arriba. No vivimos en un matrimonio libre de conflictos y tensiones. No hemos sido capaces de escapar a esos momentos de impaciencia y enojo. Todos hemos tenido discusiones y momentos prolongados de silencio. Hemos sido decepcionados por nuestro matrimonio en algún punto de nuestra vida (si eres soltero, aplica todo lo que he dicho a tus relaciones y amistades). Ahora, solo debes preguntarte: “¿De qué tratan estas tensiones y disensiones?”. Si leyeras un libro cristiano típico sobre el matrimonio, llegarías a la conclusión de que todas las peleas en el matrimonio se deben a problemas horizontales como pareja. Entonces la solución es que, si eres lo suficientemente listo como para hablar sobre la diferencia de roles, las finanzas, el sexo o la crianza de los hijos, serás capaz de evitar muchos de esos conflictos. Parece una buena idea, pero no es lo que la Biblia dice. Considera este pasaje: Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios […] Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y Él los exaltará (Santiago 4:1-10). Presta atención a cómo Santiago explica por qué tenemos tantas riñas y contiendas. No dice que “es debido a esas personas difíciles con las que vives”, o que “resultan de los problemas en el entorno”. No, dice que son causadas por las “pasiones” que luchan dentro de nuestro corazón. En este contexto, pasiones significa un deseo poderoso y dominante. Si tengo problemas contigo es debido a un problema en mi corazón. En vez de ser gobernado y motivado por la gloria de Dios, mi corazón es gobernado por mis deseos, mis necesidades y mis sentimientos. Si esto es así, entonces constantemente tendré problemas con los que me rodean. Sumado a esto, Santiago nos dice que el conflicto humano tiene su raíz en el adulterio espiritual. Cuando nos colocamos en el lugar que solo le pertenece a Dios, siempre tendremos conflictos. Todo esto nos enseña cuánto necesitamos de la gracia de Dios en Jesús. Para profundizar y ser alentado: Isaías 29 

 

 Autor: Paul David Tripp 

 (Libro Nuevas Misericordias cada mañana) 

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